Cerrar

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de uso y de nuestra web. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Revisa la configuración aquí o cierra este mensaje.

Por su amplio conocimiento del tema, España se sitúa a la cabeza en materia de protección solar a nivel mundial. En 2016, la concienciación frente a la necesidad de protegerse del sol llegó a los ciudadanos y estos productos volvieron a crecer a un buen ritmo, un 9 %. Junto a científicos, dermatólogos, farmacéuticos y otros profesionales, la industria cosmética trabaja constantemente en la búsqueda de productos cada vez más seguros y eficaces.

La llegada del buen tiempo o practicar deporte al aire libre, entre otras actividades, aumenta nuestro interés por protegernos de las exposiciones al sol. Las más de 25.000 conversaciones espontáneas y públicas que se generaron en las redes sociales en torno a este tema en 2014, según se recogen en el panel digital elaborado por Stanpa, la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética, en colaboración con la consultora Epsilon Technologies en 2014.
  • La radiación solar y sus efectos

    El sol es muy beneficioso para la salud porque nos ayuda a asimilar la vitamina D que necesitamos para fortalecer nuestros huesos, mejora nuestro humor y nos ayuda a recobrar vitalidad. Sin embargo, sin una correcta protección, sus efectos pueden ser muy peligrosos.

    Los efectos negativos de la exposición solar provienen principalmente de los rayos ultravioleta (UV): UVA y UVB. La piel dispone de mecanismos naturales para protegernos de ellos. Por ejemplo, la formación de melanina, la sustancia responsable del tono tostado que adquirimos cuando tomamos el sol. Aun así, no es suficiente.

    A corto plazo y a nivel superficial estas radiaciones pueden provocar quemaduras. Y a largo plazo pueden alcanzar la capa más profunda de la piel y causar daños graves, como el fotoenvejecimiento y la alteración de las defensas de la piel llegando a provocar distintos tipos de cáncer.

  • ¿Qué es un protector solar?

    Podemos encontrar más de 300 marcas de productos solares (autobronceadores, protectores solares o aftersun). Pero, para que sea un protector solar, tiene que contener filtros ultravioleta (UV) que detengan las radiaciones UVB, UVA o ambas, absorbiéndolas, dispersándolas o reflejándolas.

    Existen distintas presentaciones: crema, loción, gel, spray, etc. Todas son igualmente efectivas por lo que la elección del formato depende exclusivamente de las preferencias que tengamos por un tipo u otro de aplicación. Sin embargo, ningún producto ofrece una protección absoluta. Por lo que es fundamental acompañarlo con otros buenos hábitos como protegerse con ropa, un sombrero y gafas de sol con filtros UV. Y, sobre todo, evitar largas exposiciones al sol y, en especial, durante las horas de más intensidad.

  • ¿Cuáles son los distintos tipos de filtros UV?

    El principal componente del protector solar es el filtro solar, encargado de impedir las radiaciones dañinas para la piel.

    • Los filtros sintéticos u orgánicos son capaces de absorber la luz UV.
    • Los filtros minerales o inorgánicos actúan reflejando o desviando la radiación solar, formando una barrera opaca que actúa a modo de pequeños espejos.





    La mayoría de los protectores solares combinan los dos tipos de filtros para conseguir un efecto óptimo. El resto de componentes del protector sirven para darle textura e hidratar la piel o conseguir otros beneficios adicionales.

  • ¿Qué es el factor de protección solar?

    El factor de protección solar (SPF) es un índice que muestra el tiempo que se puede permanecer expuesto al sol sin riesgos de quemaduras. E indica el número de veces que el fotoprotector aumenta la capacidad de defensa natural de la piel frente a la quemadura producida por la radiación UVB.

    El tiempo de protección natural de nuestra piel oscila entre 5 y 30 minutos, dependiendo del tipo de piel. Por ejemplo, un SPF 30 nos indica que nuestro nivel de protección frente a un riesgo de quemadura es 30 veces superior que si no estuviéramos utilizando un fotoprotector.
    Sin embargo, no debemos olvidar que el protector solar debe reaplicarse cada dos horas ya que el sudor, la ropa, el baño, la toalla o la arena hacen que vayamos perdiendo el producto.

  • Elementos del etiquetado en los que debemos fijarnos

    Protección UVB

    Según la Recomendación Europea, la eficacia de los productos de protección solar debe constar en la etiqueta identificada mediante categorías. Cada categoría equivale a un grado normalizado de protección frente a radiaciones UVB.

     

    Categoría (indicada en la etiqueta)

    Factor de protección (indicado en la etiqueta)

    «PROTECCIÓN BAJA»

    6

    10

    « PROTECCIÓN MEDIA»

    15

    20

    25

    «PROTECCIÓN ALTA»

    30

    50

    «PROTECCIÓN MUY ALTA »

    50+


    Protección UVA

    Los rayos UVA se asocian principalmente con el envejecimiento prematuro de la piel. Los productos de protección solar deben proteger frente a ambas radiaciones, UVB y UVA. En el caso de los UVA, la protección frente a la radiación aparece en la etiqueta de los productos como texto o como logo.

     

     

     

    Fecha de caducidad y periodo de uso después de abierto (PAO)

    Un producto solar puede indicar la fecha de caducidad (si ésta es inferior a los 30 meses) o el símbolo de periodo de uso después de abierto (PAO). Ambos pueden encontrarse en la etiqueta con los siguientes símbolos.

      PAO


    Fecha de Caducidad

  • ¿Cuánto protector me debo aplicar?

    Una protección solar eficaz va más allá de del factor de protección. También se debe aplicar la cantidad adecuada. Para un adulto, la cantidad ideal es de 30 ml de producto que deben extenderse de forma uniforme por todo el cuerpo. El producto debe volverse a aplicar aproximadamente cada dos horas.

  • ¿Qué SPF tengo que usar para mi tipo de piel?

    Conocer nuestra piel y saber a qué grupo pertenece es importante para protegerla. Para clasificarla se analizan dos aspectos fundamentales: el color que tiene en invierno y el que adquiere en verano. Cada tipo de piel requiere unos cuidados y una protección especiales. Y para saber cuál es el nuestro, lo más recomendable es consultar a un especialista.

    • Tipo I: Piel blanca que se quema con facilidad y no se broncea.
    • Tipo II: Piel clara que se quema con facilidad y se broncea mínimamente.
    • Tipo III: Piel ligeramente morena que se quema moderadamente y se broncea gradualmente.
    • Tipo IV: Piel morena que se quema mínimamente y se broncea bien.
    • Tipo V: Piel muy morena que difícilmente se quema y se broncea intensamente.
    • Tipo VI: Piel negra que no se quema y tiene una profunda pigmentación.
  • La importancia de adquirir los productos en puntos de venta autorizados

    Los protectores solares se venden en una proporción del 55% en farmacia y parafarmacia, un 40% en grandes superficies y supermercados y un 5% en perfumerías especializadas, según datos de 2014 de Stanpa. En este sentido, Stanpa recuerda la importancia de adquirirlos en puntos de venta autorizados para evitar riesgos, a corto plazo, como quemaduras, y a largo plazo, como fotoenvejecimiento o cáncer de piel. Las marcas garantizan que los ingredientes, la composición, el envase y el proceso de fabricación cumplen con todos los requisitos que establece la legislación europea, una de las más avanzadas y exhaustivas.

  • Breve historia de la protección solar

     

    Fue en los años 20 cuando la fotoprotección se asentó firmemente con la llegada del fenómeno de la moda. La diseñadora francesa Coco Chanel durante un viaje a Cannes y la afamada cantante parisina Josephine Baker, ambas bronceadas, eran modelos a seguir. Desde entonces, lucir el bronceado está de moda y con ello la necesidad de protegerse la piel.

    1928: Los farmacéuticos de la época elaboraban preparados a base de aceite de oliva y almendras. El primer agente fotoprotector se lanzó en Estados Unidos por diseñador y perfumista francés Jean Patou con el nombre de ‘Huile de Chaldee’.
    1933: En Alemania, apareció el primer agente fotoprotector a base de benzimidazol. Esta innovación permitió, dos años más tarde que el 75% de las personas en las playas de Florida, en Estados Unidos, usaran un aceite, una crema u otro preparado para evitar los efectos del sol. Aunque realmente se trataba más bien de ungüentos emolientes que de protectores, ya se percibe una cierta conciencia en la sociedad.

    1935: El químico francés Eugène Schueller, fundador de L’Oreal, gran amante del deporte de vela, se percató tras participar en una regata de la necesidad de proteger la piel de la exposición al sol. De esta manera, Schueller desarrolló un filtro protector de rayos solares UVB, los responsables de las quemaduras solares. Su invento permitía broncear 5 veces más rápido y sin quemaduras, lo que supuso una auténtica revolución.

    1938: El químico austriaco Franz Greiter tras sufrir  una insolación mientras practicaba alpinismo en el monte Piz Buin, idea el desarrollo un fotoprotector efectivo que saldría a la luz 8 años más tarde.

    1944: Benjamin Green, farmacéutico y aviador, notó durante la Segunda Guerra Mundial como los soldados desplazados en el Pacífico sufrían quemaduras debido a la exposición solar. Fue entonces cuando descubrió que la parafina aplicada sobre la piel creaba una capa que evitaba que los rayos ultravioleta traspasase la piel quemándola. La parafina sería patentada en 1950 y su protector comercializado bajo el nombre de ‘Coppertone’ (que significaba tono cobrizo en referencia al color rojizo de la crema) cuando se hizo famoso por su cartel publicitario de la niña con el perrito.
    Se descubre la radiación solar ultravioleta A que, a pesar de no tener efectos visibles a corto plazo, es la responsable del envejecimiento de la piel y de posibles cánceres cutáneos a medio y largo plazo.
    Durante los años 50, el mercado se llena de fotoprotectores de diferentes marcas y se lanzan innumerables formatos y texturas para dar respuestas a todas las nuevas necesidades de los consumidores.
    Los protectores solares de los años 80 protegían únicamente contra los rayos UVB, con filtros muy bajos de protección  porque, en aquella época, se creía que si te protegías mucho del sol sería imposible broncearse.
    La investigación de la dermatología y la industria cosmética ampliaron esa protección a los rayos UVA, que no causan enrojecimiento inmediato de la piel, pero sí provocan daños a largo plazo en las capas más profundas. De esta manera, en 1983, se homologa por la Unión Europea el filtro capaz de absorber la radiación UVA.

    1990: Se popularizan en España los fotoprotectores pediátricos especialmente formulados para los niños.

    Se desarrolla un nuevo filtro solar que protegía conjuntamente  de las radiaciones UVB y UVA.

    Los expertos en protección solar se percatan de la necesidad de hidratar la piel además de protegerla del sol. Aparecen los primeros productos que unen ambas características.

    1992: Se comercializan los factores de protección altos, más de 50 SPF.
    La industria de la Unión Europea se convierte en líder mundial  en los filtros de protección solar UV cuando en los años 90 la legislación cosmética europea reguló su uso.

    A principios de siglo la industria alcanza los factores de protección más altos y lanza al mercado los primeros fotoprotectores en formato spray sin resecar la piel y que facilitan la aplicación. Además, nacen también en esta época los productos con textura gel que consigue un efecto de segunda piel.

    La industria cosmética europea comenzó a trabajar desde principios de los 2000 para que de forma voluntaria se mejorase la información que se da al consumidor sobre la necesidad de 

    protegerse del sol y se armonizase la forma de comunicación del factor de protección solar. En 2006, con una intensa colaboración con la Industria y basándose en la recomendación que Cosmetics Europe había hecho, la Comisión Europea publicó en septiembre su Recomendación (2006/647/EC) “Relativa a la eficacia de los productos de protección solar y a  las declaraciones sobre los mismos”, esta iniciativa tenía como objetivo normalizar y simplificar al máximo la forma en que se ensayan y etiquetan los productos de protección solar en toda Europa.
    En 2009 Cosmetics Europe recomienda que la indicación del cumplimiento con la Recomendación de la Comisión se haga mediante las letras “UVA” impresas en un simple círculo.

    2012: Se suplen las necesidades de aquellas pieles más fotosensibles o con problemas tales como manchas o alergias solares.

    El sector sigue evolucionando y actualmente se pueden  encontrar en el mercado protectores solares para otras partes  del cuerpo como el cabello o los labiales, productos polivalentes como las BBcreams o protectores con color, otras texturas como la mousse e incluso pulseras que miden la radiación solar mediante un código de color.
     

 

Sala de Prensa