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Eficacia demostrada

Las cremas anticelulíticas, como todo producto cosmético antes de ser puesto en el mercado, han sido sometidas a estudios de eficacia que avalan los resultados que prometen en su etiqueta. Por otro lado, los millones de mujeres que a día de hoy las utilizan y las siguen comprando, es también señal inequívoca de que las consumidoras perciben su eficacia. 

Su eficacia depende de la combinación de varios factores: una correcta aplicación siguiendo las recomendaciones que figuran en el envase, la constancia y hábitos de vida saludable como caminar, beber agua y una dieta sana. No es obligatorio, pero el masaje completa los efectos de los activos favoreciendo la absorción del producto y mejorando la circulación sanguínea y el drenaje linfático.

Tras cada fórmula anticelulítica hay un largo recorrido de investigación, ensayos (instrumentales, clínicos, en consumidores) y evaluaciones de seguridad y, al igual que en el resto de los cosméticos, avalan su eficacia.

Informe con metodología dudosa

Un informe publicado hace poco por una organización de consumidores, analiza ocho productos para combatir la celulitis pero que no pretenden conseguir los mismos efectos y por ello no utilizan las mismas reivindicaciones en sus envases (siete de ellos anuncian una mejora en el aspecto visible de la piel y propiedades reafirmantes e hidratante, mientras que uno alega capacidad reductora de la grasa o adelgazante). 

Pese a ello, el informe utiliza la misma metodología para analizar todos los productos por igual. En cuanto a los métodos instrumentales, el ensayo de la “medida del perímetro del muslo” es adecuado para evaluar efectos de modelado o adelgazamiento, pero no para valorar una mejora en el aspecto visible de la piel. 

Para los productos destinados a mejorar el aspecto visible de la piel, el torquímetro es el método más utilizado para medir de manera directa la firmeza y tonicidad de la piel y permite, junto con otros tests adicionales sustentar alegaciones como “reduce la celulitis visible”, “reafirma y tonifica la piel”, etc.

Por otro lado, según los expertos, la termografía infrarroja no es una técnica adecuada para examinar los efectos anticelulíticos.

Aparte de utilizar métodos de control no adecuados, al diseño del estudio, se observa que el protocolo utilizado no proporciona detalles suficientes sobre los criterios de inclusión de los voluntarios y el tamaño del panel o número de voluntarios utilizado de 30 es demasiado pequeño para garantizar unos resultados estadísticamente significativos y unas conclusiones fiables y sólidas. Según los expertos, este tipo de estudios requiere de mínimo 40 voluntarios.

 

Seguridad de todos los ingredientes

Todos los ingredientes están regulados y autorizados por la Comisión Europea.

En cuanto a los parabenos, la legislación de la UE permite su uso en cosméticos, pudiendo un mismo producto contener uno o varios de ellos. El propio Comité Científico de Seguridad de los Consumidores de la Unión Europea (SCCS) confirmó que las moléculas más pequeñas de parabenos (metil- etil- propil y butilparabeno), son unos conservantes seguros y eficaces en cosméticos. 

En lo que refiere a las fragancias alergénicas, desde 2003, es obligatorio indicar en la etiqueta de todos los cosméticos comercializados en la UE, la presencia de cualquiera de los 26 ingredientes de fragancia identificados como alergénicos, lo que garantiza una completa información para el consumidor.

Volvemos a recordar que la regulación cosmética en Europa es una de las más estrictas y seguras del mundo, por lo que los consumidores pueden utilizar los productos aprobados por la Unión Europea con total garantía.

 

Etiquetado completo

El Reglamento europeo de cosméticos, en su artículo 19, apartado 1, sección g, indica respecto al listado de ingredientes que éste puede ir únicamente en el estuche o embalaje; la lista irá precedida del término «ingredients».

Además, el consumidor siempre puede dirigirse directamente a la compañía, ya que esta es una forma rápida y eficaz de obtener más información.

 

Celulitis, un problema complejo

La celulitis es una alteración funcional y estética de la superficie de la piel que se produce principalmente en mujeres y se localiza esencialmente en las zonas laterales de los muslos, nalgas, abdomen y caderas.

La celulitis se produce por una sobrecarga de grasa localizada, provocada por el aumento de tamaño de los adipocitos (células grasas situadas en la hipodermis) debido a la retención de grasas, líquidos, toxinas y problemas de circulación sanguínea, provocando la aparición de nódulos celulíticos, denominados comúnmente «piel de naranja».

Se distinguen cuatro grados de celulitis en función del aspecto de la piel, desde el más leve (grado I), en el que la piel tiene está lisa y uniforme, hasta el más severo (grado IV) que se caracteriza por la presencia de nódulos más palpables, visibles y dolorosos.

Son muchos y diversos los factores determinantes de la celulitis. Entre ellos se encuentran factores hereditarios, hormonales (pubertad, embarazo, menopausia), dietéticos, psicológicos (como el estrés) y otros factores como un estilo de vida poco saludable o tratamientos antihistamínicos o antitiroideos.

La idiosincrasia de las personas hace que no todas tengan el mismo tipo de celulitis y, por lo tanto, los resultados puedan no ser reproducibles entre los distintos usuarios, pudiendo haber variaciones de una persona a otra.

Para conseguir los efectos que anuncia el producto, es clave que el consumidor siga el modo de uso descrito en su etiqueta.

Como representante institucional del sector, Stanpa se pone a disposición de los medios de comunicación como fuente de información ante cualquier cuestión suscitada por este estudio u otra información del sector.

 

 

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